Día de las madres

Cuando se habla de familia, se habla de unión la cuál se basa en el amor y el respeto, un sinonimo de amor es Madre, que representa la esencia mas pura de entrega incondicional, o al menos eso es lo que he vivido a largo de mi vida.

Uno de los días mas hermosos de reflexión debería ser este, en el cual festejamos a nuestras madres; mi madre fue una hermosa mujer que siempre me enseño el valor de las cosas y la entrega desinteresada a su familia. En ocasiones pasan horas y no puede dejar de pensar en ella, en esto momento siempre mi rostro se ilumina y se llena de sonrisas; mi mente viaje, recuerda y vive momento gloriosos a su lado; en algunas ocasiones incluso he sentido que no esta muy lejos de mi; y hasta puedo sentir ese hermosa beso que me da en mi mejilla.

Hoy en día veo un papel similar, con mi amada esposa; la cual refuerza el valor de una madre; al atender a nuestra hermosa familia.

Madre es mas que una palabra sin sentido, es una palabra que cobra vida en mi mami y en mi amada esposa, no puedo mas que agradecer a Dios por ellas y su gran ejemplo que me dan.

Feliz día de las madres.

2 thoughts on “Día de las madres

  1. Dee V. Hogan

    Siento lástima por el hombre que no ha tomado la decisión de buscar una compañera eterna, y mi corazón gime por las hermanas que no han tenido la oportunidad de casarse. Algunas se sentirán solas y poco valoradas, y quizás no vean cómo será posible recibir las bendiciones del matrimonio y de tener hijos o una familia propia. Todo es posible para el Señor, y Él guarda las promesas que inspira a Sus profetas declarar. La eternidad es un período largo. Tengan fe en esas promesas y vivan dignas de recibirlas para que, en Su momento, el Señor las haga realidad en su vida. No hay dudas de que, recibirán cada bendición prometida de la que hayan sido dignas.

  2. Jocelyn Hurley

    desgarrarse del interior: al principio fue el miedo, la intriga, la curiosidad: luz cegadora al final del tunel, un dolor, un fuerte crujido cuando comencé a percibir las voces, al principio confusas luego nítidas y rítmicas; mi pequeño cuerpo flotaba casi inmóvil llevado por la corriente, sólo me salvaba la unión umbilical que emergía como un puente desde la infinita obscuridad y se arraigaba a mis entrañas: lo sentía como la fuente de la vida y sabía que había llegado el momento de dejarlo: despedirme de todo cuanto me había acompañado en esta extraña travesía; reclamo de otros seres, insertarse en otro mundo, iniciar la vida… el frío me sacudió la piel y la incómoda sensación de estar desnudo, indefenso ante todo, me hizo llorar: no quería estirar mis brazos que hasta entonces no eran más que escudos, ni mis piernas, ni abrir mis ojos que me dolían porque siempre habían permanecido cerrados; me sentía abandonado en un laberinto de manos y de voces, sentí que mi intimidad se había roto y había quedado atrás, destrozada, junto al puente umbilical y al mar cálido y la obscuridad de mi sueño; sólo una voz, más brillante y delicada y hermosa me tranquilizó: era la voz de mi madre susurrándome al oído. La voz de la persona que me regaló la vida.

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